Características y objetivos educativos

La teoría conductista se centra en la conducta observable intentando hacer un estudio totalmente empírico de la misma y queriendo controlar y predecir esta conducta. Su objetivo es conseguir una conducta determinada, para lo cual analiza el modo de conseguirla.

El conductismo iguala al aprendizaje con los cambios en la conducta observable. El aprendizaje se logra cuando se demuestra o se exhibe una respuesta apropiada a continuación de la presentación de un estímulo específico. Por ejemplo, cuando le presentamos a un estudiante la ecuación matemática "2 + 4 = ?", el estudiante contesta con la respuesta "6". La ecuación es el estímulo y la contestación apropiada es lo que se llama la respuesta asociada a aquel estímulo. Los elementos claves son, entonces, el estímulo, la respuesta, y la asociación entre ambos. La preocupación primaria es cómo la asociación entre el estímulo y la respuesta se hace, se refuerza y se mantiene. El conductismo postula que el proceso de aprendizaje es el resultado de una suma de hábitos. El aprendizaje es consecuencia de la imitación y la repetición de una serie de respuestas a unos estímulos concretos; su éxito o fracaso depende del grado de aceptación que dichas respuestas encuentren en el entorno de la persona.

El conductismo intenta determinar la estructura del conocimiento de un estudiante, ni tampoco cuáles son los procesos mentales que ese estudiante necesita usar. El conductismo, pues, se fundamenta en un principio antimentalista, basándose en la asociación de ideas, las cuales se verán reforzadas por la recompensa y el castigo.

Los pasos que se siguen en la perspectiva conductivista para la transmisión de conocimientos se pueden resumir en los siguientes:
  • Determinación inicial de objetivos medibles: las actividades didácticas están dirigidas por objetivos específicos de transmisión de contenidos.
  • Segmentación estructurada y jerarquizada de los contenidos seleccionados manteniendo un aumento progresivo del nivel de dificultad.
  • Creación y establecimiento de mecanismos y herramientas de evaluación objetivables y mesurables.


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Papel del estudiante y del docente

El profesor dirige el proceso de enseñanza y aprendizaje, es el que determina y controla los contenidos, el programa y las actividades con el objetivo de lograr la respuesta buscada.
También él determina si se han logrado los objetivos propuestos.

El estudiante es concebido como un sujeto cuya actuación y aprendizaje pueden ser determinados desde el exterior (la situación instruccional, los métodos, los contenidos, etc.). El conductismo considera al estudiante como una tabula rasa que no aporta nada al proceso, y que depende para aprender de los estímulos que reciba del exterior, del medio en que está inmerso.Tiene por lo tanto un papel pasivo, espera que el profesor le de la información y le indique las tareas que debe realizar. No se tienen en cuenta las diferencias individuales de los estudiantes.


Interacción entre docentes y estudiantes

La recompensa y el "castigo" dentro de la teoría conductista son métodos básicos para reforzar las conductas y conseguir el aprendizaje, por lo tanto la interacción del profesor con los estudiantes se produce con esa finalidad. El profesor refuerza, premia las conductas deseadas y debilita, "castiga" las no deseadas. El profesor ofrece retroalimentación a los estudiantes sobre los resultados de sus actividades. Se trata de una comunicación esencialmente unidireccional, del profesor hacia el estudiante.

Entre los estudiantes apenas hay interacción, pues esta se considera irrelevante para el aprendizaje. El estudiante se "relaciona" básicamente con los estímulos que son los que, según el conductismo, llevan al aprendizaje.

Evaluación

Una visión conductista del aprendizaje conlleva una concepción de evaluación por objetivos, cuyas características básicas son las siguientes:
  • Los objetivos son definidos a partir de conductas observables que se pueden medir cuantitativamente. Los instrumentos más habituales para llevarla a cabo son test y exámenes.
  • La evaluación se centra en los resultados finales. No interesa el proceso seguido por los estudiantes para la adquisición de las conductas evaluadas, sino su consecución.
Cuando los profesores consideran que las notas, las estrellitas y los incentivos son los estímulos más adecuados para aprender, ignoran los procesos de aprendizaje y buscan lograr cumplir resultados o metas que realmente no son aprendizajes significativos para los estudiantes. El estudiante puede memorizar todo lo necesario para sacar una buena nota y algunos días después del examen simplemente olvidar los contenidos o no aplicarlos en el entendimiento de otros contextos.
La evaluación debe dar cuenta de los cambios observables en la conducta pero también debe indicar si los estudiantes han alcanzado los estándares preestablecidos y si la secuencia o jerarquía de aprendizajes es la adecuada. En este momento, es importante puntualizar que cuando se considera que los estudiantes aprenden con el fin de recibir una nota o un premio, realmente no se valora el aprendizaje en sí y tampoco se está orientando la apropiación del conocimiento.

TIC y conductismo

Los enfoques conductistas están presentes en programas educativos que plantean situaciones de aprendizaje en las que el alumno debe encontrar una respuesta dado uno o varios estímulos presentados en pantalla. Al realizar la selección de la respuesta se asocian refuerzos sonoros, de texto, símbolos, etc., indicándole al estudiante si acertó o erró la respuesta. Esta cadena de eventos asociados constituye lo esencial de la teoría del aprendizaje conductista.
A este uso del ordenador se le denominará EAO (o CAI en inglés, Computer Assisted Instruction) se centra en programas de ejercitación y práctica muy precisos basados en la repetición. Bajo las premisas de la individualización de la instrucción, la EAO tuvo un gran auge a partir de mediados de los años 60.
Urbina (Martí, 1992) esquematiza en el siguiente cuadro las ventajas e inconvenientes de la EAO:
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A pesar de los inconvenientes y criticas, muchos de los programas actuales se basan en los presupuestos conductistas: "descomposición de la información en unidades, diseño de actividades que requieren una respuesta y planificación del refuerzo" Gros (1997, 38).
Desde este punto de vista encontramos en la red algunos ejemplos sencillos que nos ayudan a comprender la incorporación de los planteamientos conductistas a los procesos educativos:








Estos ejemplos nos muestran como el uso de las TIC depende del marco pedagógico y didáctico en el que se enmarcan. Este uso de las TIC por un lado sirve para reproducir el papel del profesor. El programa sustituye al profesor en la presentación de los estímulos y realiza la función de ofrecer feedback al estudiante para ayudarle en su aprendizaje. Sin embargo su uso también aporta elementos nuevos. Este tipo de actividades y programas permiten una mayor personalización, que en la enseñanza conductista sin las TIC no era posible. Se pueden crear programas y actividades que ofrezcan distintos estímulos dependiendo de las respuestas de los estudiantes, creando distintos caminos según las necesidades de estos.
Este uso de las TIC responde tanto al modelo pedagógico imperante en el momento en el que empezaron a surgir este tipo de aplicaciones educativas, como al desconocimiento de las posibilidades pedagógicas que estas aportaban. La extensión de su uso con el paso del tiempo y la realización de estudios e investigaciones sobre las mismas ha llevado a utilizarlas de manera distinta y aprovechando más sus posibilidades didácticas.